Torreón rojizo y dislocado
prepucio en decadencia
Acaso debilita el deambular por los mantras del lenguaje?

Muchos olvidaron las profecías
y el carbón en llamas colmado de furia
cayó sobre la humanidad
Aquel día la ciudad retrocedió bajo el rugido del Armagedón
cuando sus habitantes parecían recoger
con un capullo de arrogante fisonomía
el aceite para sus lámparas.


Hoy la paradoja permanece extendida en el cielo
núcleos de hidrógeno que se fusionaron en su ígneo despertar.

El bosque continúa desapareciendo
frente a la obscena radiactividad de los mercaderes
así se acumula en el aire lo táctil de los escombros.

La luz de mercurio
incuba descontroladas epidemias
el amor tiene un aroma rancio
que fatiga al cuero cabelludo
Así se cae el pelo de tanta angustia
por alcanzarlo.

Pavorosas sombras deambulan por el planeta
en forma de huracanes y aguaceros marítimos.

Pero en el corazón de los robots hay cables conectados al futuro
ellos copulan con otras máquinas
ellos funcionan con alegorías de consumo
La especie evoluciona bien en la planicie de asfalto
-dicen algunos expertos
cibernautas- ©




                                                                                                                                                                      

Un exultante cacareo
se escuchó al amanecer.
Las gallinas habían roto el cascarón del silencio
habían creado pequeños planetas casi de la nada
formas perfectas
para aturdir el hambre
de multitudes.
                                                                                       
En el reverso
sobre las planicies polvorientas del holocausto
en la atroz oscuridad yacen otras aves 
en despojo y máscara.
Picos humeantes en la diáspora
sexos emplumados para la batalla final.
Gallinas robots expulsadas del jardín de los afectos
ideologizando con su morbidez esperpéntica
la carne fresca de nuevas generaciones.
Gallinas robots ávidas del rito de expulsar
bajo las barbas del rayo de medianoche
la malévola ofrenda a su dios de papel maché.
Gallinas púrpuras
castellanas criollas. ©