UN RELOJ INTERMINABLE

Y fue inevitable
recordar
el unicornio
el mar florido
la mariposa nocturna.


Algo me hacía sonreír
y el relato reveló
lo que había en el subtexto
lo que había guardado por tanto tiempo
aquello que la lengua de Shakespeare no había dicho.

Entonces el relato se desnudaba y acometía
como nunca había acometido.
Antes de que te mueras
declaraba en abierta rebeldía
cuando el mundo
parecía impulsar
hacia la superficie la vieja teoría de Darwin
junto con la sentencia de Nietzsche
“Dios ha muerto”.

Era un reloj interminable
y el flashback
continuaba repitiendo su pulso
mientras la oscuridad no quería soltar la mísera alfalfa
los dedos y su máquina de negación.

Y el caudal
continuaba sobrevolando la habitación
y ella era el sabor
que sazonaba la tarde.
La pregunta
la mirada
la espalda
los glúteos
el silencio
el libro sobre la mesa.

Como un péndulo
resplandecía
e iba y venía por la elipse del deseo.

Acometía como nunca había imaginado.
Rozaba los átomos de la sangre
lo deseado se expandía en la fricción del oxígeno
los gemidos me diseminaban
en las aguas del tiempo.


© Agustín Benelli
ALGO SABÍA

La voz en la radio y mi madre
esa tarde de domingo en su casa en su aire
y el poeta con su mapa
pasajero de una nueva cartografía.

Y yo supuse que algo sabía del paisaje
porque un hilo rojo subrayaba
lo del texto en miniatura.

Caín en el tedio de la tarde
los dedos y su máquina de negación.

Pero la gata era la luz
de otra historia
en el mes de los gatos.

Como aquel flashback
de la cara de la gata regalona de mi madre
que
caía
en el piso
y sus pelos volaban cuesta arriba
o cuesta abajo.

En aquel tiempo
yo indagaba sobre el azul
y me preguntaba
si alguien había osado desenmascarar
las paredes de los cuartos de la ciudad
con la insondable luz de las estrellas.

Recuerdo que fue un día
cuando intentaba reunir algunas imágenes en un papel.
Cuando me perdía
en los pisos superiores
de un edificio
donde a duras penas el órgano urbano
alcanzaba el oxígeno.

Donde la noche es un poema
que nunca imaginé escribir.
Ese vuelo que lleva
tu cuerpo fragmentado a mi lecho en caída libre.
Esa loca sombra de tu costilla
amada mía.

Acaso eres la musa
que amo a la intemperie?
(Arqueología pura me dije)
Y yo sostenía así
la emoción
de saber definitivamente
que un poema
puede esconder luciérnagas
y que la noche espejea inmensa en el universo
donde somos o seremos
uno en la nada.

© Agustín Benelli
EN BUSCA DE LA INASIBLE LUZ

Sucedió en enero de 2014
en esos días yo corría por amor contra el viento
temiendo que el aire se lo llevaría todo.
Como aquel aborrecible vapor oscuro
que al despuntar el alba del día veinte
se llevo a mi madre.

Como una piedra
veinticuatro horas caían desde el infinito
y se zambullían en una agrietada luz.
Incluso el ojo aparentaba ser una piedrecita
que iba por ese río oscurísimo
de un instante a otro instante.

Oh madre mía
qué doloroso es volver a ser un niño
y no abrazarte nunca más en este mundo.
Qué le diré a Paul?
que sólo fue una coincidencia
que te hayas ido cuando meditaba
en sus palabras sobre la muerte.

O acaso alguien en el cosmos
quiso unir esos versos contigo
para siempre?
Flashback y tu silencio
la conversación con el poeta Paul Nilsson
que no escucharás madre mía.

Ya no podrás ser la auditora número uno
de mi programa radiofónico.
Y qué será de la gata regalona
que te busca en tu sillón favorito
o recorre tu casa maullando
cuesta abajo?

Y yo me protegía en el reverso de la noche
en busca de la inasible luz.
Entonces me dije
no negaré lo inútil de la tarea
y derramaré sin pudor mis lágrimas.
Como un tsunami
se expandirá mi tristeza
por todas las habitaciones.
Semejante a una llama
mi llanto quemará mi rostro
y mi cuerpo con él.

© Agustín Benelli

Torreón rojizo y dislocado
prepucio en decadencia
Acaso debilita el deambular por los mantras del lenguaje?

Muchos olvidaron las profecías
y el carbón en llamas colmado de furia
cayó sobre la humanidad
Aquel día la ciudad retrocedió bajo el rugido del Armagedón
cuando sus habitantes parecían recoger
con un capullo de arrogante fisonomía
el aceite para sus lámparas.


Hoy la paradoja permanece extendida en el cielo
núcleos de hidrógeno que se fusionaron en su ígneo despertar.

El bosque continúa desapareciendo
frente a la obscena radiactividad de los mercaderes
así se acumula en el aire lo táctil de los escombros.

La luz de mercurio
incuba descontroladas epidemias
el amor tiene un aroma rancio
que fatiga al cuero cabelludo
Así se cae el pelo de tanta angustia
por alcanzarlo.

Pavorosas sombras deambulan por el planeta
en forma de huracanes y aguaceros marítimos.

Pero en el corazón de los robots hay cables conectados al futuro
ellos copulan con otras máquinas
ellos funcionan con alegorías de consumo
La especie evoluciona bien en la planicie de asfalto
-dicen algunos expertos
cibernautas- ©




                                                                                                                                                                      

Un exultante cacareo
se escuchó al amanecer.
Las gallinas habían roto el cascarón del silencio
habían creado pequeños planetas casi de la nada
formas perfectas
para aturdir el hambre
de multitudes.
                                                                                       
En el reverso
sobre las planicies polvorientas del holocausto
en la atroz oscuridad yacen otras aves 
en despojo y máscara.
Picos humeantes en la diáspora
sexos emplumados para la batalla final.
Gallinas robots expulsadas del jardín de los afectos
ideologizando con su morbidez esperpéntica
la carne fresca de nuevas generaciones.
Gallinas robots ávidas del rito de expulsar
bajo las barbas del rayo de medianoche
la malévola ofrenda a su dios de papel maché.
Gallinas púrpuras
castellanas criollas. ©