Un exultante cacareo
se escuchó al amanecer.
Las gallinas habían roto el cascarón del silencio
habían creado pequeños planetas casi de la nada
formas perfectas
para aturdir el hambre
de multitudes.
                                                                                       
En el reverso
sobre las planicies polvorientas del holocausto
en la atroz oscuridad yacen otras aves 
en despojo y máscara.
Picos humeantes en la diáspora
sexos emplumados para la batalla final.
Gallinas robots expulsadas del jardín de los afectos
ideologizando con su morbidez esperpéntica
la carne fresca de nuevas generaciones.
Gallinas robots ávidas del rito de expulsar
bajo las barbas del rayo de medianoche
la malévola ofrenda a su dios de papel maché.
Gallinas púrpuras
castellanas criollas. © 




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